Sara Garrido es una mujer que durante toda su vida ha mantenido contacto con el mar. Rodeada de una familia pesquera, conoce el rubro y el trabajo que se realiza diariamente en la pesca artesanal. No obstante, menciona que por más importante que signifique esta actividad, “no se le ha dado el trato que se le ha dado a otras”, especialmente con las mujeres.
Tras evidenciar las condiciones laborales de las mujeres en la pesca y con el objetivo de luchar por cambios, Sara Garrido junto con compañeras de la región del Biobío impulsaron la creación de la Corporación Nacional de la Pesca Artesanal. Finalmente, esta personalidad jurídica se constituyó en 2021 y Garrido es la presidenta.
A raíz de la creación de la Corporación, y bajo la organización de Sara Garrido, se han logrado actualizar leyes y presentar nuevos proyectos para que las caletas de Chile logren incluir la perspectiva de género tanto en infraestructura y a nivel directivo.
¿Cuándo nació la Red de Mujeres de la Pesca y a raíz de qué situaciones? ¿Cuál fue la necesidad que detectaron?
Soy de La Caleta de Coliumo, comuna de Tomé, Región del Bío Bío. Soy presidenta de un sindicato sólo de mujeres desde el año 2000, hace 25 años que estoy en la dirigencia sindical de la pesca artesanal.
Fuimos el primer sindicato de mujeres de la pesca artesanal en Chile que logró tener áreas de manejo y se metió fuertemente en las políticas públicas que existían en ese momento. Lamentablemente, fueron siempre invisibles para los ojos de la institucionalidad pesquera.
Siempre hubo una institucionalidad ausente desde el enfoque de género cuando sentíamos que había un rol súper importante en las mujeres insertas en la pesca artesanal. Pero que no existía nada y que éramos simplemente invisibles ante los ojos de todos, no sólo de la institucionalidad pesquera, sino también frente a nuestros pares. Quizás, no por justificar, es una cultura muy machista, son barreras culturales que hacen ser al hombre siempre el proveedor.
¿Desde cuándo está en el rubro de la pesca artesanal?
Estoy rodeada de una familia pesquera, mi madre siempre ha vendido productos del mar, su pareja era un pescador artesanal y estoy casada con un pescador artesanal.
Aprendí bastante desde los cuatro años, andaba metida en el agua, en el pelillo, siempre estuve rodeada de pescado, marisco, cholga y almeja.
Estuve siempre ligada a la pesca, pero no me lograba dar cuenta de las injusticias que se estaban cometiendo con las mujeres en el rubro. Cuando constituimos el sindicato logré palpar de frente la discriminación y la segregación.
Me siento orgullosa de venir de una actividad muy importante, a la cual siento que no se le ha dado el trato que se le ha dado a otras. Creo que falta reconocer el aporte que hacemos a la soberanía alimentaria, el aporte a la economía local y a la cultura. Hay una deuda con la pesca artesanal.
¿Cómo comenzó el proceso de búsqueda de equidad de género?
No ayudaba mucho la política pública ni las autoridades de turno. Fue de mucha fuerza y mucho ñeque avanzar en lo que estábamos esperando, que era simplemente un trato de igualdad.
En 2017 nació la Red aquí en la Región del Biobío con un grupo de mujeres que dijimos “lamentablemente a través de una voluntad política no es mucho lo que avanzamos, hay que ver otras formas y estrategias para instalar a las mujeres en el lugar que realmente les corresponde”.
Así, impulsamos la propuesta junto a Marcia Castro y otras compañeras del Biobío, la presentamos a algunas parlamentarias y con esto se presenta el proyecto de ley en 2017, donde se reconoce a las mujeres en un rol importante y se logra instalar la participación de las mujeres en la toma de decisiones de las políticas pesqueras.
¿Cuáles fueron las principales propuestas de ese momento?
La participación de la toma de decisiones y el reconocimiento de las actividades conexas, que son actividades que están en la pre captura y en la post captura, que son tan importantes en la pesca artesanal como el mismo pescador.
Empezamos a impulsarlo, a luchar y a estar toda la semana en el Congreso y hacer un trabajo de incidencia política. Hasta que en 2021 se hizo Ley 21.370 de la República siempre como una Red.
Comenzamos a trabajar con mujeres desde Arica a Punta Arenas. Las necesidades, carencias, segregación, faltas de oportunidades, falta de herramientas, eran exactamente las mismas. En el fondo habíamos sido siempre invisibles todas, no sólo las del Bíobío.
¿Cómo fue lograr eso?
Empezaron a cambiar bastante las cosas. Nos felicitaron medios internacionales porque fue la primera ley en el mundo que logra modificar los cuerpos legales de una Ley General de Pesca. Ningún país donde la pesca es de importancia económica los modifica e incorpora el enfoque de género.
¿Cuándo se conforman como persona jurídica?
Nosotras no nos quedamos sujetas solamente a la ley promulgada en 2021. Luego, creamos también la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal. Es una Red de mujeres que tiene una mirada en común, pero eso lo teníamos que aterrizar y que hubiese una persona jurídica.
¿Cuántas personas integran la Red?
Más de 150 organizaciones componen la Red Nacional. Sólo mujeres encarnadoras son más de 2.700 sólo en la Región del Bío Bío. Hoy van sobre 5 mil, mayoritariamente mujeres, inscritas en el Registro de Actividades Conexas, que se está creando todavía.
¿Y desde qué rango etario componen las mujeres que están en esta red?
En el caso de la Red Nacional, hay personas de todas las edades, pero la mayoría está entre los 35 y los 65 años.
En Chile, hay 25 mil mujeres inscritas en el Registro Pesquero, que está cerrado desde 2013 en casi todas las regiones del país, por lo que ese registro no es real. Muchas de las mujeres jóvenes están trabajando informalmente porque no están registradas.
¿En que están trabajando actualmente como organización?
Estamos a punto de que el Presidente firme la modificación de la Ley 21.027, que incorporará el enfoque de género en las caletas. Para nosotros marcó un hito muy importante por la relación de la participación de los planes de administración de las caletas, donde las mujeres cumplirán un rol muy importante en la administración de éstas y serán parte de lo que realmente quieren desarrollar en sus territorios. También está la infraestructura con enfoque de género.
Para nosotras significa dignidad laboral, una oportunidad de mejorar las condiciones en la cuales las mujeres están trabajando. Es dignidad por donde lo mires desde lo más básico como un baño y un vestidor.
Hoy estamos en plena discusión de una nueva Ley de Pesca, que incorpora el enfoque de género, es a partir de un trabajo que hemos hecho y que ha impulsado la Corporación Nacional y que esta estará en la Ley General. Eso para nosotros es muy importante porque traspasarán administraciones y eso estará ahí para las futuras generaciones que puedan tener más poder e incidencia en que las políticas sean un poco más justas de lo que fueron con estas generaciones.
¿Qué significará esa ley concretamente?
Cuando el Ministerio de Obras Públicas construya caletas deberá considerar que existen las mujeres de la pesca artesanal. Las que pescan, las que recolectan y las que realizan actividades conexas.
También viene uno que el Senado lo vota las próximas semanas y tiene relación con los comités de manejo, que son comités asesores de la institucionalidad y donde las mujeres también podrán tener garantizada la participación con una cuota de género.
¿En qué situaciones se evidencia la brecha de género laboral en la pesca artesanal?
Nos hemos ido ganando el respeto, nos hemos ido ganando los espacios poco a poco. Siempre digo, primero que todo es irrumpir en cultura, que es un proceso.
En general, de a poco hemos ido viendo una aceptación de los compañeros, algunos más que otros, sigue habiendo una especie de machismo fuerte. Por lo general, de pescadores artesanales, de dirigentes de pescadores artesanales que han estado siempre instalados y que les ha costado aceptar los cambios.
Había dirigentes que decían “sabe qué ministro, nosotros no estamos en contra del proyecto de la Red de Mujeres, que quieran infraestructura, que les pongan baños, vestidores, pero no tienen qué hacer en la administración”. No nos quieren ver sentadas en la mesa tomando decisiones con ellos. Hablando, discutiendo, haciendo planteamientos y poniendo nuestros puntos de vista.
¿Qué objetivos tienen los talleres que impulsan?
Tiene relación con la bajada de la información, con que conozcan sus derechos, que está ley es de ellas y para ellas, que está construida con nosotras. También que es una gran oportunidad para empoderarse, de que puedan tener las herramientas para su desarrollo, que puedan promover también lo que quieren.
Mucho de esto de la política pública avanza a base también de la autonomía económica. Muchas son jefas de hogar, mantienen su familia y creo que esta actividad económica tiene que tiene que responder a eso, pero si no están las herramientas para que puedan desarrollar esta actividad, lamentablemente van a quedar ahí.
Hace dos semanas se despachó la ley del proyecto que promueve la participación de mujeres en las caletas pesqueras, ¿en qué aspectos esta ley se podría ver materializada la perspectiva de género?
Hoy, es la modificación a una Ley de Caletas, que cuando se construyó no se miró a las mujeres. Eso significa que el Ministerio de Obras Públicas cuando baje un territorio, pregunte por nosotras. Para la participación de un diseño de una caleta, por ejemplo, que no quede nada en en estos proyectos en que no estén las mujeres instaladas ahí, queremos ver caletas pioneras. Si es necesaria, que se instale una guardería para las mujeres.
Esto, además, significa que no quedará a la voluntad política del gobierno de turno, de la administración o de un ministro o ministra buena onda, sino que es una política pública que tiene que responder a las necesidades de las mujeres, porque esta propuesta y esta ley fue hecha también desde las propias comunidades.
¿Cómo fue el proceso para que se lograra despachar la iniciativa?
En 2022 tuve la oportunidad de estar en la “Caleta Pacheco Altamirano”, en San Antonio. Me invitaron para que conociera a las mujeres fileteadoras y cuando llegamos por las 9.30 de la mañana, nos reunimos con un grupo de 30 mujeres.
Cuando vi las condiciones en que trabajaban, realmente me dolió el corazón. Hacía un frío inmenso, el agua con sangre de pescado escurría. Lo que más me llamó la atención era que trabajan a orillas del mar, casi donde rompe la ola en la roca y las veía bajar y subir a la playa. Me acerqué a la playa y justo subió una chica y le pregunté qué había abajo y ella me respondió “vamos a hacer pipí, tenemos un tarro. El sindicato no nos presta las llaves del baño”.
¿Qué desencadenó esa situación?
Eso me tocó muy en el fondo de mi corazón. Ahí nace la propuesta de modificar la Ley de Caletas. Nos juntamos con una parlamentaria, hoy diputada del Distrito 5, Carolina Tello, le contamos, nos prestó a sus asesores y empezamos a trabajar la propuesta.
Se presentó en la Comisión de Género y comenzamos a ir al Congreso, a hablar con las parlamentarias a explicar esto. Al final, la misma necesidad que tenía Pacheco Altamirano, la tenían las mujeres de las demás caletas.
Es realmente de dignidad, no es humano trabajar en las condiciones en que estaban las chiquillas a nivel nacional. Eso nos hace decir “esto tiene que cambiar”. Tenemos una gran oportunidad, un gobierno que dice ser feminista y que está abierto a cambios.
Una vez que sea aprobado, ¿cuáles son sus expectativas?
Tengo un dicho muchos años: “la perseverancia puede más que la razón”. Si nos quedamos, esto se queda y si insistimos, si perseveramos, golpeamos puertas y no nos callamos, esto avanza.
Apenas tenga la ley en mis manos, iré a golpear la puerta de la ministra de Obras Públicas para pedirle una reunión y decirle: “ministra, aquí tenemos una ley. Queremos conocer los diseños, queremos conocer la inversión pública que habrá en los próximos 30 años en las caletas de pescadores artesanales”.
Estaremos siempre pendientes de cada inversión que se haga en una caleta que se esté construyendo con enfoque de género. Seremos una pulga en la oreja del Ministerio de Obras Públicas, en particular, con la Dirección de Obras Portuarias.
Hablamos de la toma de decisiones e infraestructura, ¿en qué se materializa esto?
Hoy, la ley 20.657, denominada Ley Longueira, tiene relación con los comités de manejo, que creo es lo único que puede rescatarse.
Existen comités de manejo, que son comités asesores muy importantes donde se trabajan los manejos de las distintas pesquerías a nivel nacional y donde también tienen que estar la voz de las mujeres.
Están también los Consejos Zonales de Pesca, donde existe una participación muy importante de la toma de decisiones de las macrozonas. También hay participación de los pescadores y de los trabajadores de la industria, pero también de los pescadores artesanales y de las actividades conexas.
La modificación de la Ley 20.657, proyecto que irá a sala la próxima semana, habla de que en los comités de manejo se logra un cupo de representación de las actividades conexas, cuestión que nunca antes había estado. Sentíamos una desigualdad absoluta porque la industria pesquera tiene a los trabajadores de la industria, a las pymes, pero no estaban las actividades conexas, que son de la pesca artesanal.
La semana pasada también estuvimos opinando en la Comisión de Pesca de la Cámara de Diputadas y Diputados, donde se está discutiendo el fraccionamiento, es decir, cuánta fracción para la industria de una cuota.
Esa es la plena discusión que está en el Congreso y fuimos a exponer entonces: ¿qué vienen a hacer las mujeres acá? El fraccionamiento está dividido en cinco partes: industrial, artesanal, consumo humano, imprevisto y cuota investigación. La pregunta de nosotros era: ¿dónde están las cuotas de carnada para garantizar el trabajo de los encarnadores? ¿dónde lo instalamos? ¿dónde está la cuota para las charqueadoras de merluza? han trabajado toda una vida en una actividad ancestral de las caletas de pescadores de la zona centro-centro sur del país.
Tenemos que considerar estas dos cuotas importantes, porque tienen relación con el desarrollo de las mujeres de la pesca artesanal.