Se asoma la primavera, pero el ambiente del día es traicionero. El cielo está gris y predomina una humedad poco habitual para una ciudad como Santiago. Una escena algo deprimente en pleno septiembre, aunque no afecta en lo mínimo el temple de María Belén Carvajal Peña (40). El rocío de la mañana que no se esfumó, pese a ser las cuatro de la tarde, resalta uno de sus grandes placeres.
“Me encanta el olor a pasto”, dice al adentrarse en una de las canchas del campo deportivo de la Pontificia Universidad Católica. Asegura que es una de las mayores regalías que le dejó su época de jugadora y actualmente el arbitraje, rumbo que escogió en 2006 cuando decidió matricularse en el Instituto Nacional del Fútbol (INAF) para arrancar una carrera de réferi que aún no encuentra techo.
Una decisión de la que ni siquiera se retractó cuando apenas veía el sol por estudiar paralelamente Kinesiología en la Universidad de las Américas. Aquel título que lo obtuvo junto al de Pedagogía en Educación Física, entregado poco antes por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Quienes la han conocido la describen como una mujer seria y con gran carácter a la hora de impartir justicia en el fútbol. Sin embargo, hoy se muestra distendida mientras camina por el recinto universitario, donde se encarga de los seleccionados que han sufrido lesiones para que vuelvan a competir en forma. El clima la obliga a abrigarse y usar con orgullo un polerón del Mundial Femenino Australia – Nueva Zelanda 2023.
No podía llevarlo de otra manera. Tras dirigir cuatro encuentros en la cita de Oceanía y sumado su paso por el Mundial de Francia de 2019, se convirtió en la jueza FIFA chilena con más partidos en copas del mundo. La satisfacción es mayor cuando recuerda que su participación estuvo en peligro por una lesión en su rodilla. Comenzó como cuarta árbitra en el partido inaugural entre Francia y Jamaica, pero la sanfelipeña quería ir por más.
“En este partido tengo que dejarlo todo, todo, todo para luchar por un segundo partido porque es una competencia”, expresa con efervescencia como si en este mismo instante estuviera nuevamente en juego su continuidad.
“Y nos dieron un segundo partido que fue Sudáfrica versus Italia, en donde uno de los dos equipos podía dejar el torneo, era como la última fecha de la primera fase”, agrega antes de proseguir con las peripecias que hizo para llegar a ese partido, por culpa de un avión que no pudo aterrizar para llevarla al país vecino. Así, con cobros varios e incluso el de un penal, dio el salto para dirigir uno de los cotejos para los que tanto se había preparado: cuartos de final entre Australia y Francia.
Desde que pitó el silbato, María Belén Carvajal vio cómo empezó a trazar un nuevo hito personal y para el propio deporte. “Ese partido duró 90 minutos, nos fuimos a alargue de 120 y después a penales, que fueron 20. Ese ha sido uno de los compromisos más largos de las copas mundiales“, relata la jueza. Un hecho sorpresivo para ella y en el que la acompañó otra representante nacional y entrañable colega, quien asegura que no fue fortuito.
“Comenzamos a trabajar duro para ir al Mundial en Australia y ahí vimos el cambio total en María Belén. Yo la sentía más segura, más tranquila, y si su posicionamiento era bueno, ahora mejoró aún más. Cada cosa requiere su proceso y ella lo vivió”, asevera Leslie Vásquez, primera asistente en aquel encuentro y cercana a Carvajal desde sus inicios en el referato.
Al mirar en retrospectiva el camino que comenzaron juntas incluso antes del Mundial de Francia de 2019, Vásquez encuentra cierto optimismo para las chilenas en el arbitraje. Asegura que “abrieron una ventana” para proyectarse, una posibilidad que era algo incierta en la época en que Carvajal empezó a instruirse en la profesión, cuando no había árbitras en el país y ella integró la primera camada de mujeres en el INAF.
Los domingos eran sagrados. María Belén Carvajal se disponía cada semana para ir a casa de su abuelo y ver algún partido. Aunque son oriundos de la comuna de San Felipe, Región de Valparaíso, él era hincha de Cobreloa y ella era feliz acompañándolo en su pasión. Es la mayor de tres hermanos. No proviene de una cuna de deportistas, recalca que ese legado fue el punto de partida de lo que se transformó en su vida hoy en día.
Revoloteaba donde fuera junto a sus primos y hermanos jugando al balompié. No tardó mucho en espantar a las monjas de su colegio cuando la vieron correr por el patio junto a otras compañeras -que ella misma motivó- tras balones improvisados y haciendo caso omiso a las reprimendas.
“Nos quitaban las pelotas y hacíamos otras de papel, jugábamos y después nos llamaban la atención. Pero fue al principio, después se creó el taller de fútbol. Mi generación era la que imponía muchas cosas”, comenta al repasar sus aventuras en el Colegio Santa Juana de Arco.
Desde ahí se movió como delantera y volante izquierda haciendo carrera en el club Viña del Mar, en la rama de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y en la Selección Nacional, conjunto en el que selló su era de futbolista tras la Copa América Mar del Plata de 2006. “En ese tiempo no había fútbol formativo para mujeres entonces en cierta u otra forma empecé a jugar como a los 18 años, ya más avanzada en edad”, explica.
Uno de los factores que detonó su salida fue precisamente las carencias con las que debía lidiar a diferencia de sus pares masculinos. “No existía tanta gestión para que surgiera el fútbol femenino, o sea, las canchas no eran buenas, los camarines tampoco. No me llenaba porque invertía mi tiempo profesionalmente, pero no recibía nada profesional“, puntualiza ya sin resquemor.
“Entonces apareció el arbitraje”, exclama al rememorar que se le presentó sin haberlo perseguido, cuando practicaba de manera esporádica y en las propias instalaciones de la Selección al entrenar en Quilín.
“En una conversación con un profesor, acá en Santiago, me dijo: ‘Pero, ¿por qué no eres árbitra? Si lo estás haciendo amateurmente’. Lo pensé y, en realidad, no había árbitras. No había nada de mujeres. Y ahí empecé a averiguar qué debía hacer”
El mundo arbitral nunca estuvo pensado para las mujeres. Las pioneras en el área, como María Belén Carvajal, marcaron un quiebre y se notó. “Siento que el inicio es como “hay mujeres, ya, bacán”. Pero cuando esa mujer empieza a hacer lo mismo que tú y mejor que tú, empieza la rivalidad“, precisa la deportista de la quinta región.
Prueba viva de lo anterior son las propias memorias de quienes están insertos en el rubro. La ex delantera de Colo-Colo y campeona de Copa Libertadores 2012, Nathalie Quezada (34), lo evidenció bien. “Lamentablemente, antes no se veía mucho arbitraje femenino, siempre fue masculino, que yo tenga memoria desde los 13 años”, sostiene.
“Ha sido muy complicado poder establecernos como árbitras en este mundo que es de hombres, porque partió siendo así. Nosotras como que nos entrometimos en el ámbito masculino y hemos tratado de equiparar esa brecha en cuanto a lo físico y técnico. Creo que por ahí ha sido un poquito más lento para nosotras ese proceso”, acota la asistente Leslie Vásquez.
“Belén ha hecho un camino bastante largo para llegar a donde está. No le han regalado absolutamente nada y eso es lo más meritorio”, recalca su colega Piero Maza. “Siempre habrá cuestionamientos, pueden pensar que pusieron mujeres porque está como de moda y no. Hoy para la mujer que ingresa a la carrera es más fácil porque, a diferencia de ellas, para estas chicas que comenzaron era como tierra movediza porque no sabían a lo que se enfrentaban“, concluye Maza.
En 18 años de carrera, Carvajal se contenta del terreno ganado por las árbitras, tener la ventaja de ir a la par de sus compañeros masculinos y que se les exija por igual tanto en el ámbito físico como en el técnico. Sin embargo, la presencia femenina en las canchas no les sentó bien a todos. Y pese a que es algo de lo que puede hablar con soltura y desdén, no olvida cuando desde la tribuna le gritaron “ándate a lavar la loza”.
“Fue hace mucho tiempo atrás, hace como diez años. Lo que más me molestó en eso no fue la connotación machista, sino que me lo dijo una mujer”, revela por primera vez la réferi FIFA.
“Con la mujer tenemos que apoyarnos, el hombre también nos tiene que apoyar y nosotros también apoyarlos a ellos. No podemos trabajar separados”, sostiene María Belén Carvajal.
“Para mí es una de las mejores árbitras de Chile”, asevera la futbolista de Cobresal, Nathalie Quezada. A la jugadora del cuadro minero le tocó en más de una oportunidad compartir la cancha con Carvajal antes de que diera el salto a la división de élite del fútbol masculino nacional.
La describe como una mujer que “se hace respetar”, habilidad que quien la conoce cree que le ayudó a catapultar su carrera. Y es que en ocasiones, comenta la experimentada delantera, la gente cuestiona el doble a las árbitras femeninas. “No ven la cosa tan seria como quizás la del hombre”, infiere.
Fredy Munizaga recuerda uno de esos episodios tan característicos de María Belén. Corría el año 2020, era capitán de Deportes Copiapó y debían enfrentarse a Deportes Melipilla. La sanfelipeña debutaba en esa instancia en la Primera B y la novedad era tema incluso dentro del camarín, comenta Munizaga.
Y antes de pitar el inicio en el Estadio Municipal de La Pintana, María Belén Carvajal se hacía notar. “Desde ahí ya mostraba mucha personalidad. Me acuerdo que le comenté que íbamos a cooperar, porque sabemos que el fútbol es un deporte, en general, complejo. Uno siempre está con las revoluciones a full y a veces se le pasa un poco la mano. Pero ella me dijo ‘no, no te preocupes, estoy bien, estoy preparada‘”, recuerda el otrora líder de los copiapinos.
En aquel año tan acontecido por el inicio de la pandemia del Covid-19, un 28 de octubre Carvajal encontró la felicidad en ese gran paso profesional. La mascarilla no pudo esconder su alegría en el homenaje que se le realizó en la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) tras el partido.
De las manos del presidente del organismo, Pablo Milad, y de la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Mónica Zalaquett, recibió una medalla y un obsequio de reconocimiento a lo que la propia réferi catalogó en la ceremonia como “una demostración de que se puede, que podemos volar y llegar hasta donde nosotros queramos”.
“De alguna manera empiezan a visibilizarse referentes que van a abrir camino a otra”, comenta la ex secretaria de Estado al hacer memoria del ambiente festivo y del compañerismo en ese homenaje. “El ser mujer no es un impedimento para que te realices donde tú definas que quieras hacerlo o donde estén tus talentos. Lo que sucedió ese día era importante. Queremos que esas chiquillas se sientan orgullosas de lo que son, y que su camino al éxito no esté marcado por momentos complejos difíciles por el hecho de ser mujer”, puntualiza.
Zalaquett reconoce que queda un trecho por recorrer en términos de igualdad de género, pero también enfatiza que Chile “ha dado pasos importantes”. “Creo que hoy tenemos referentes en casi todos los ámbitos. Ahora, tenemos que lograr es que no sea sólo un caso aislado, sino que cada día más jóvenes y mujeres puedan desarrollarse”.
Chequea la hora, son las seis de la tarde del 4 de diciembre de 2021. Los hinchas están de vuelta en las gradas, la pandemia está controlada. Silbato en la boca, alza el brazo y la instrucción para empezar a rodar la pelota resuena en todo el perímetro de La Portada en La Serena.
Pudo haber sido un partido sin importancia. Santiago Wanderers venía de haber recibido la sentencia de descender. Deportes La Serena, por su parte, se aferró como pudo en las fechas pasadas a los últimos cupos para seguir en la principal liga chilena. El ex arquero del cuadro caturro, Christian Fuentes, recuerda una particular anécdota que le costó una amarilla y en la que Carvajal nuevamente dejó entrever su carácter.
“Estábamos jugando muchos jóvenes. Mis compañeros me decían que me tirara al suelo un rato, porque estaban ahogados. Muchos árbitros en general son prepotentes, ella trató de imponerse porque sabía que yo estaba haciendo tiempo. Pero en ningún momento me faltó el respeto”, revela el guardameta al rememorar lo tranquilo que fue el empate a cero.
Sin embargo, esa tarde nuevamente María Belén Carvajal le aportaría un sello distintivo al encuentro. Era su debut dirigiendo en la Primera División masculina, la primera jueza central de su género en hacerlo.
“Llegué a la meta”. Esa fue la frase que expresó a la prensa cuando le preguntaron cómo sintió esa experiencia. Era el escalón que le faltaba alcanzar en el arbitraje del fútbol nacional, pero el trasfondo de ser árbitra dice que no es tan simple como piensa la gente al ver los partidos los fines de semana.
“No es como: ‘soy árbitra, voy a arbitrar‘, no. Tengo horas de entrenamiento físico, con el psicólogo, deportólogo y kinesiólogo. También tengo que leer las reglas, tengo que estudiar inglés”, precisa la deportista. Y, aunque ha disfrutado sus notables logros y sacrificios, confiesa que hay un vacío que lleva consigo.
“Cuando se me murió mi abuelo fue la gran nostalgia y la pérdida que tuve porque la pasión, de cierta forma, nace por él. Tengo mi vida como futbolera, pero él no disfrutó del otro lado de la vereda, yo de árbitra”, se sincera María Belén con cierta emocionalidad. Él una vez me dijo: ‘cuando tú llegues al fútbol profesional, espero que estemos juntos’. Fue como perder a un hincha mío“, concluye.
Sin embargo, la vida se encargó de sumarle otro fanático, uno mucho más pequeño, pero igual de fiel. Uno que a veces la ve en televisión y señala con fervor la pantalla cuando aparece en las transmisiones de partidos: su hijo, Luciano. Ya sea en el parque o en casa, le encanta estar a su lado y aprovechar cada minuto de su tiempo libre con él.
María Belén confiesa de manera cómica ser un “desastre” cuando se trata de horarios, recordar dónde dejó sus pertenencias y otras cosas. Es olvidadiza y dispersa, pero aprendió a convivir con ello. Aunque cuando se trata de sus objetivos, no puede parecer más determinada y clara de lo que es.
“Arbitralmente estoy pensando en cuatro años más”, responde al lanzar la pregunta sobre cuánto tiempo más proyecta su carrera.
Hoy se focaliza en continuar creciendo en la Primera División masculina local, pero tiene en mente su próxima conquista.
“Quiero estar presente en otras instancias más importantes como una semifinal, una final en un Mundial”, afirma sin titubeos. Dice que le “quedó el bichito” y espera poder quitarse el gusto en la Copa del Mundo masculina de 2026 organizada por Estados Unidos, México y Canadá. Un torneo que volverá a su continente después de una década y media, y en donde María Belén Carvajal anhela dar el último gran baile.