Alejandra Urrutia: el talento de las mujeres pesa más que una batuta
Por: Proyecto_Imparables|Mayo 1, 2024
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La directora de orquesta, Alejandra Urrutia, no cree que el género defina las capacidades, pero ha visto cómo se le restan oportunidades a las directoras por ser mujeres.
Es casi mediodía y la luz empieza a apoderarse de su habitación. Alguna vez la pensó para recibir visitas, pero finalmente la destinó como su estudio. El sol tan sólo devela que allí las partituras y apuntes abundan, porque son parte de su vida… la vida de Alejandra Urrutia.
Dice que adora las mañanas en Viena, los paseos por sus calles y parques son de sus pasatiempos favoritos. Hoy es su hogar, pero alguna vez también lo fue para los grandes compositores que admira e interpreta: Mozart, Schubert, y Mahler. En la capital austriaca no puede escapar de la música, aunque Alejandra Urrutia nunca lo ha buscado, por eso decidió ser directora. Actualmente, es la primera y única mujer en Chile al mando -desde 2018- de un conjunto profesional como la Orquesta de Cámara del Municipal de Santiago y también el de Cámara de Chile.
Para llegar hasta donde hoy se encuentra, Alejandra Urrutia debió trabajar duro, nadie le regaló nada. A excepción de su padre Luis, quien le heredó la pasión por la música. Los cuestionamientos y escasez de oportunidades evidenciadas en el camino, fueron transformados en una motivación para abrir puertas a otras mujeres.
Mismo impulso que en noviembre llevó a Alejandra Urrutiaa tomar un avión hasta Chile. Esto, para encabezar la segunda edición del HUB de Directoras de Orquesta, proyecto que levantó en 2022 junto al Teatro Municipal de Santiago y la curatoría de talentos Fanjul&Ward. La instancia anual permite que artistas puedan adquirir y compartir conocimientos sobre la dirección orquestal, para aumentar sus posibilidades en un rubro que ha sido mezquino con el género femenino.
“Durante mucho tiempo hemos escuchado la frase ‘las mujeres no pueden ser directoras, las mujeres no están hechas para dirigir’, casi como si la batuta pesara 300 kilos“, relata en un discurso ante sus colegas latinoamericanas y el público, minutos antes del concierto que cierra el encuentro. Las anima a seguir adelante y derribar los antiguos mitos.
Directora de orquesta Alejandra Urrutia en entrevista con Proyecto Imparables. Créditos: Proyecto Imparables.
En el salón Claudio Arrau del principal teatro del país y bajo la mirada del busto de Wagner, y otros siete históricos compositores masculinos, Urrutia da el pase a sus compañeras. Está esperanzada en que el futuro en la música puede ser equitativo y que las directoras que esa tarde alzarían la batuta, tal como ella, podrían ser imparables.
La partitura de su vida
La músicala ha llevado por todo el mundo, pero su vida partió en el seno de una familia de artistas en la ciudad de Concepción en 1975. Entre su padre, otrora contrabajista de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción, y su madre, quien estudió pedagogía en la misma área. Su futuro profesional parecía naturalmente trazado.
“Tengo recuerdos de niña encima de mi cama escuchando una sinfonía de Beethoven o escuchando los conciertos para violín de Vivaldi. Mis recuerdos eran siempre en relación a la música y era algo que me daba mucha vida. Me encantaba escucharlo, me inspiraba y me motivaba, y decía:‘ay, quiero tocar así, quiero tocar este concierto‘”, revela.
Confiesa creer que el violín fue el que la encontró a ella. Era uno de los tantos instrumentos que su papá se dedicaba a arreglar y que tenía en casa. Comenzó a estudiarlo a los ocho años y a los doce ya había decidido que sería su compañero de vida. Con él, se fue a perfeccionar cinco años después en la Columbus University, en Estados Unidos.
Hacer lo que hoy tanto le apasiona, no siempre estuvo en su mente. Recién se interesó por la dirección de orquesta cuando estaba terminando su doctorado como violinista en la Universidad de Michigan. Antes de dar el salto, debió encariñarse con ese rol y lo logró en su país natal, donde guió a la Orquesta juvenil e infantil Bicentenario de Curanilahue.
“Empecé a tomar conciencia y darme cuenta del poder de transformación que tiene la música en las personas, en quienes hacen música. También en aquellos que la escuchan y en toda la comunidad. Ahí fue cuando comencé a dirigir y tenía que ver con esta idea de tener algo en tus manos, de recibir algo y después hacerlo mejor”, cuenta al repasar sus memorias.
Ver el progreso de sus alumnos despertó algo en su interior y lo cuenta con orgullo. La primera interrogante que ocupó su mente fue “¿cómo puedo hacer que ellos toquen mejor?” y se entregó a su vocación. “Me di cuenta que primero tenía la habilidad, y que la desconocía porque no lo había hecho. Después de poder soñar juntos y en verme de alguna manera en cada uno de ellos, cuando les estaba enseñando”, concluye Urrutia.
Cuando el machismo desentonó
Siempre estuvo rodeada de otras jóvenes violinistas en la universidad. Hasta ahí todo pintaba color de rosa en las artes musicales. Sin embargo, al adentrarse a la dirección fue cambiando el panorama.
“El primer curso de dirección al que fui fue en el festival en Aspen en 2010. Éramos 12 directores y yo era la única mujer” dice al hacer memoria. La ausencia femenina era notoria, pero en ese momento era una más en el grupo. Esto se lo atribuye a un poco de suerte y al carácter que le forjó su formación académica.
De manera desafortunada, eso duró poco. E incluso cuando ya era notoria su experiencia, el machismo se hizo notar como un portazo. “Estaba en una orquesta y uno de los músicos me comentó: ‘Maestro, ¿usted le hace favores al ministro?’. Cuando me dijo eso jamás lo pensé desde ese espacio, hasta que después compartí este comentario con dos amigas”, analiza Urrutia en retrospectiva y con más claridad.
“Todavía pasan situaciones donde tenemos que estar atentas. Creo que las mujeres recibimos un trato distinto y es súper complejo porque uno solamente vive desde ese espacio. Este comentario jamás se lo hubiese dicho a un director hombre. O sea, ni siquiera está en cuestión”, comenta de manera crítica la directora penquista.
Alejandra sabía que el camino de la dirección para las de su género era un verdadero reto, tanto como audicionar con una pieza de Gustav Mahler que maravilló al jurado y la escogió en 2015 para liderar la Orquesta Sinfónica Provincial de Santa Fe; conjunto profesional con el que comenzó a consolidar su carrera.
“Eligió algo que era desafiante, me acuerdo de eso… Es muy valiente, tiene mucho coraje. Podrías pensar: ‘Uy, con ese carácter tan suave y dulce, ¡cómo va a ser!’ cuando está frente a un grupo de cien músicos. Pero cuando se paraba, tenía la autoridad indudable y era capaz de enfrentar situaciones muy difíciles“, es lo que recuerda vívidamente Irene Chaina, ex directora de organismos musicales del Ministerio de Innovación y Cultura de aquella región de Argentina.
Directora de orquesta Alejandra Urrutia en entrevista con Proyecto Imparables. Créditos: Proyecto Imparables.
Urrutia no sólo batallaba consigo para incorporar ideas innovadoras en las presentaciones, cuenta la ex autoridad ministerial. En alguna ocasión incluso le hizo frente con éxito a las protestas sindicales del gremio que preocupaban a los trabajadores y amenazaban las presentaciones.
Su paso de tres años al otro lado de la cordillera la trajo nuevamente a Chile como la titular de la Orquesta de Cámara de Chile y posteriormente del Municipal de Santiago. Aunque en 2017 debió dividirse entre su país y Europa, donde comenzó a asistir al maestro húngaro Iván Fischer en la Budapest Festival Orchestra.
La primera de muchas directoras
“Evidentemente hay pocas mujeres que dirigen orquestas mayores en el mundo. Pero si hablamos exactamente de Sudamérica, son muy pocas. Alejandra Urrutia es una maestra que está en la lupa de todas las mujeres que tratamos de hacer carrera en la dirección de orquesta porque ha hecho una trayectoria muy notable en Chile”.
Con un dejo de ilusión y emoción, la directora colombiana Jolie González confiesa que esa fue una de las razones por las que no dudó en postular al HUB de directoras2023. Su visión es compartida por muchas artistas y las estadísticas son abrumadoras.
“En el mundo hay diez mil directores de orquesta y menos de 3% son mujeres que toman el podio”,asegura Caroline Ward, coach de empoderamiento femenino del programa para directoras. Explica que el camino está cuesta arriba, pues aún hay quienes cuestionan las capacidades de las mujeres para un cargo con tal responsabilidad.
“Si una sólo mira sus oportunidades y excluye a otra, eso no abrirá el mundo. Alejandra, por ejemplo, invita mujeres. Esta instancia es para asegurar que no sólo estén listas para la orquesta y el público, también para ayudarles a sentir confianza de tomar el poder“, puntualiza Ward. Por eso, la experta en liderazgo confía en que la fraternidad e iniciativas como el HUB, que las preparan para enfrentar esa hostilidad, pueden mejorar la situación.
Cuando Virginia Vergara subió al podio para guiar las cuerdas y vientos del concierto de cierre del reciente HUB, irradiaba algo especial en el salón. Era más que sólo la confianza de jugar como local, era su prestancia y seguridad. La directora de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Pudahuel manifiesta que la maestra Urrutia la marcó en ese encuentro.
“La mejor enseñanza fue el aprendizaje, la música y sobre todo que nosotras las mujeres directoras no tenemos límites, los límites se nos han inculcado. Nosotras somos las capaces de ser las mejores en el área”, expresa abiertamente Virginia, a la vez que reconoce ser afortunada al ser antecedida por músicas como Alejandra Urrutia. “Ella ha abierto un montón de puertas, de posibilidades y de caminos para hacer más ameno el rubro a las futuras generaciones“, afirma.
Y precisamente es ese uno de los fundamentos del por qué Alejandra no se ha alejado de este activismo, pese a lo ajetreada que se vuelve su agenda año tras año, en la que abundan viajes y espectáculos.
“Lo importante acá es asegurar que todas las mujeres, cuando nos llegue la oportunidad, estemos preparadas, y eso es lo difícil. Tenemos menos oportunidades para esa gran ocasión“, asevera con el tono delicado pero firme que la caracteriza y le ha dado su trayectoria, la que le permitió llegar en 2022 a ser la primera directora chilena de una de las orquestas más importantes del país: la Filarmónica de Santiago.
Pero sostiene que este también es un proceso de construcción y por ello insta a sus dirigidas en los HUB a imponerse en la escena. El debut histórico que tuvo aquella vez con “Ellas y el Aranjuez”, un homenaje a las compositoras Florence Price y Louise Farrenc; es fruto de las oportunidades que ella misma debió ingeniarse y crear.
Directora de orquesta Alejandra Urrutia en entrevista con Proyecto Imparables. Créditos: Proyecto Imparables.
La música como excusa
Casi 500 kilómetros separan a la capital de Concepción. Con el pasar de cada uno de ellos se vuelve inevitable contener el asombro por cómo cambia el paisaje y se asoman las hileras de frondosos árboles. Pero pese a estar fuera del país por un buen tiempo, en ese viaje por la Panamericana la cabeza de Urrutia estaba ocupada con algo más.
“Escuché una noticia que hablaba negativamente sobre la migración y me tocó profundamente eso que escuché. No lograba entender qué es lo que se quería contar con esa historia y fue en ese momento que dije: ‘me encantaría hacer algo con esto'”.
Quería transformar esa vaga mala intención en algo provechoso. En cuanto llegó a su destino, surgió como un chispazo: crear un concierto del que puedan participar inmigrantes. Así surgió el Gran Concierto por la Hermandad, un proyecto donde no importa la experticia e invita a ciudadanos a integrar un coro amateur acompañado por una orquesta de 400 músicos.
“Ha sido muy conmovedor este proyecto, porque invita a la gente a reflexionar sobre la vida y dar la oportunidad de participar a quienes nunca se lo hubieran imaginado“, destaca Urrutia.
Lleva cuatro ediciones y todas han tenido una asombrosa recepción del público, que ha llegado a llenar seis mil butacas en el Centro Cultural Estación Mapocho, como también el corazón de la directora penquista, al llevar la música clásica más allá de las paredes de refinados teatros de los que algunos no se sienten parte. Reconoce que es uno de sus proyectos favoritos y que le permitió crecer en lo profesional y humano.
Directora de orquesta Alejandra Urrutia en entrevista con Proyecto Imparables. Créditos: Proyecto Imparables.
Enseñar es una de las habilidades y gustos más innatos de Alejandra Urrutia, ha sido transversal en un camino en que ha encontrado personas con su mismo sentir. Algunos lo podrían atribuir al azar del destino, pero no fue su caso… Los pasos de la chilena eran seguidos por una -ahora- muy querida compañera.
“Creo que en eso compartimos un ideal, de creer que podemos transformar a la sociedad a través de la música, casi te diría que la música es una excusa. De hecho, por eso trabajamos con jóvenes, con gente que uno sabe que está en una etapa de la vida en la cual se puede influir. Creo que ahí hay un espíritu de deseo, de entregar un mensaje de esperanza”.
Pese a las limitaciones propias de las videollamadas y la geografía, la emoción que evocan las palabras de Laura Cmet, logran traspasar la pantalla en la entrevista. En una ventana de su agitado itinerario del festival de Sonora en México, la directora cordobesa relata cómo fue pasar de la admiración por Alejandra a trabajar codo a codo con ella en el Festival Academia Internacional de Música Portillo.
Hace exactamente un año asistió a su par chilena en la dirección de El Canto a la Tierra de Mahler. Una obra interpretada por cerca de 80 jóvenes que demostraron ser promesas en un arduo proceso de selección. Así, este grupo fue becado para vivir la experiencia de aprender y hacer música por diez días en plena Cordillera de Los Andes.
“Pudimos armar esa obra en tres días y los conciertos salieron espectaculares. El Festival de Portillo es uno de esos regalos donde la posibilidad de vivirlo marca un antes y un después”, agrega Cmet
Pero Laura no fue una simple compañera, también es una muestra del impacto que ha causado Alejandra Urrutia en muchas músicas. Previo a llegar a Portillo, pasó por el primer HUB para directoras y es una instancia que sigue atesorando:
“Creo que es una referente. Ella podría haberse quedado sólo en eso, en su imagen personal. Sin embargo, realizó el HUB y creó la posibilidad hacia directoras o directores asistentes en el Festival de Portillo. Está intentando dejar un legado detrás de ellos. Es algo que hay que seguir haciendo para que se sostenga en el tiempo, es como una semillita muy pequeña que dará sus frutos más adelante”.
Directora de orquesta Alejandra Urrutia en entrevista con Proyecto Imparables. Créditos: Proyecto Imparables.
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Se terminan de afinar las cuerdas. Al fondo del escenario los músicos se posicionan junto a sus instrumentos de viento. Hay un silencio en el salón. Una joven toma su lugar frente a la orquesta y ordena ejecutar los primeros acordes. Viene la música y con ella una oportunidad: la de dirigir. Era la brasileña Camila Kraus, una de las nueve participantes del HUB de directoras.
Desde uno de los extremos del recinto, la directora Alejandra Urrutia observa cómo se turnan y el público las ovaciona. Está silente, pero su mirada es sincera y lo dice todo… fue de las primeras, pero no será la última. En su discurso de bienvenida había adelantado una cuestionada realidad que ahora se reafirmaba al compás de la sinfonía. Porque esa tarde las mujeres demostraron que pesa el talento y no la batuta.