Suena la alarma, el reloj marca las 6:15 AM. La capital ya está en marcha y comienza un nuevo día, siempre con una agenda agitada por delante. Aunque el ajetreo matutino del hogar es menor que antes, dice. Después de todo, los hijos crecieron y de los cuatro, sólo queda el más pequeño por levantar para ir al colegio. Comparten el desayuno y se aboca a lo suyo en cuanto pasan a recogerla.
Sube al auto con diario en mano, otras veces lo lee en internet. Alterna con alguna estación de radio, pero siempre llega informada a la oficina. Se rehúsa a desperdiciar el tiempo en que se queda atascada en las calles del centro de Santiago a causa del tráfico. Entre medio responde un correo o atiende un llamado, así son las mañanas desde que asumió la presidencia de la Comisión Para el Mercado Financiero (CMF) en 2022. Es la primera mujer en alcanzar el cargo.
Son cerca de las 9:00 horas. La jornada de Solange Berstein (56) ya había comenzado antes de ingresar al salón de reuniones de la CMF, en donde toma lugar para dar esta entrevista. Se dispone ante una mesa alargada y rodeada de voluminosas sillas, el sitio es amplio. Es una sala de conferencias como cualquier otra, pero la economista recuerda que fue en espacios como este donde vivió situaciones en que fue marginada en el pasado.
Si una reunión se prolongaba más de lo esperado, sentía como no tardaban en lanzar sutilmente sus juicios cual dardos.
“Era como mirándome: ‘¿y con quién están tus hijos?’. Así como de cuestionamiento de ‘¿te corresponde estar aquí?’. Una se sentía incómoda, como que te estaban de alguna manera representando que uno estaba en falta o no cumpliendo con sus deberes”, relata.
En ciertas oportunidades se vio atrapada por la dinámica machista que la dejaba fuera y, aunque no fuera de su interés, se ponía al tanto de cómo figuraba la tabla de posiciones del campeonato de fútbol. Tiempo atrás la presencia de mujeres en esas instancias era baja o incluso nula, por lo que los varones se ensimismaban en sus conversaciones antes de los encuentros laborales.
“Para ser parte, una tiende a ser como el camaleón. Entonces tengo que vestirme como o saber de lo que el resto está hablando”, añade la presidenta del órgano regulador, mientras se contenta al notar que hoy se dan mucho menos esas muestras de segregación y hay mayor presencia femenina en el sector financiero.
La vasta trayectoria en el mundo económico y su propia experiencia en épocas donde la discriminación por género era aún más acentuada, la concientizaron de los obstáculos sociales para las mujeres: desde las trabas para acceder a un crédito bancario, hasta los roles que se les asignan por el género. Por eso, en las diversas instituciones públicas en las que ha trabajado no sólo ha asumido desafíos profesionales, sino que también intenta contribuir al cambio.
Recuerda que quería dedicarse al arte, le encanta la pintura. Aunque su madre siempre la instó a estudiar odontología, una opción que no terminaba de convencerla. De buena fe y casi entre risas, cuenta que trataba de “darle la vuelta” al asunto y convencerla de ser “artista de los dientes”. Pero sus intentos fueron en vano. Sin embargo, sincera que no fue precisamente por su determinación de seguir sus preferencias.
“No tenía idea qué quería estudiar. Como muchos jóvenes, uno pasa por etapas en la vida en que como que trata de descubrirse y no sabe mucho quién es ni para dónde van, o qué le gusta”, explica Solange Bernstein, quien finalmente apostó por algo más versátil como ingeniería comercial. Así fue como ingresó en 1986 a la Universidad de Santiago de Chile (USACH).
Al poco andar de la carrera se encantó con los ramos de economía. Era hábil con las matemáticas y estadísticas, y contaba con una carta bajo la manga: “tenía la intuición detrás”, sentencia. Características que confluyeron perfectamente con su anhelo de enfocarse en políticas públicas, y le permitieron luego encontrar su rumbo profesional. “Este sentido social de ser un aporte a la sociedad, para mí siempre fue muy motivador“, resalta Solange Berstein.
“Desde que era alumna se veía que era inteligente y que no estaba ahí como decían muchos profesores ‘para ir a buscar maridos’, sino por la consecución de objetivos personales, por una gratificación personal”, detalla orgullosa su ex profesora de finanzas en la USACH, Tamara Agnic. Y es que tras varios años de su egreso, se reencontraron en la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), donde se cumplió el popular dicho “la alumna superó a la maestra” al pasar a la cabeza de la institución.
A partir del último tramo de sus estudios de pregrado, su vida estuvo marcada por una serie de hechos significativos entre finales de los años 80 e inicios de la nueva década. Se casó, finalizó la carrera y su excelente desempeño le abrió una puerta en la docencia de la misma universidad en que se formó. A la vez, cursaba el programa de magíster en economía del Instituto Latinoamericano de Estudios Sociales (ILADES) y la Universidad de Georgetown.
Seguidamente decidió conformar una familia y tuvo a su primera hija. Y como la gran mayoría de los nuevos profesionales de su área, Solange Berstein deseaba seguir perfeccionándose en el extranjero. Sin embargo, debió postergarlo.
“Mi mamá murió muy joven en un accidente automovilístico cuando yo tenía 25 años. Yo me iba a ir con una sola hija a estudiar afuera, pero eso cambió. Son cosas que cambian tu trayectoria”, reflexiona. Fue una pérdida temprana e inesperada para ella y sus otros tres hermanos menores. Motivo que la llevó a estrechar su lazo con la asesora de su hogar, Mirta. Ella fue una figura importante durante su infancia y terminó siéndolo también para sus hijos.
Pese a todo, decidió continuar trabajando en miras a cursar un doctorado a futuro. Buscó otro rumbo siguiendo su vocación por las políticas públicas. Así llegó por primera vez a la Superintendencia de AFP en 1994 como analista senior. Fueron tres años de crecimiento laboral y también de su familia. Luego de que se sumara un nuevo integrante, decidió mudarse a Estados Unidos para continuar estudiando.
“Nos fuimos como proyecto familiar. Salíamos los cuatro de mochila en la mañana, porque estábamos todos estudiando: los papás y los niños, todos estudiando. Fue una etapa muy bonita”, rememora con ternura cuando iba con su marido al doctorado en la Universidad de Boston y sus hijos al preescolar. Hoy, al traer de vuelta esa intensidad que caracterizó sus día a día por esos años y los posteriores, se sorprende y sincera.
“Llevar una vida profesional con cuatro hijos, sin nada de ayuda, es imposible”, puntualiza. Haber compartido equitativamente las responsabilidades con su marido y contar con el apoyo adicional de Mirta, fue fundamental para cumplir sus objetivos laborales y personales sin pagar el costo de escoger uno por sobre otro. Un dilema que agobia a muchas mujeres que, por ejemplo, quieren ser madres como ella pero sin relegar sus empleos.
Solange Berstein tenía claro que quería seguir adentrándose en el ámbito de la seguridad social. Incluso antes de sus estudios de posgrado, allanó su camino en esa dirección. Tras cinco años en Norteamérica, fue inevitable querer retomar su trabajo en el sector. Y aunque no estaba muy convencida de poder hacerlo en la oferta que recibió desde el Banco Central, se sorprendió positivamente al integrarse al ente regulador.
Pero la carrera de Berstein no tocaba techo. Por el contrario, rompió un techo de cristal importante al retornar a la Superintendencia de AFP. En 2003 comenzó como jefa de la división de estudios, aunque admite que no concibió en su mente ir más allá.
“Con quien era superintendente en esa época [Guillermo Larraín] en algún viaje que nos tocó juntos, empezamos a conversar sobre el futuro y me dijo: ‘oye, pero tú podrías ser superintendenta'”, relata la economista, mientras su rostro denota la impresión que sintió al oír esa idea.
“Y yo le dije: ‘no, no puedo ser superintendenta y tener a mi cuarto hijo. Y además ¿¡quién me va a nombrar a mí, si nadie me conoce en el mundo político!?‘”, recuerda haberle contestado al enfrentarse a la encrucijada de una última posibilidad de ser madre como deseaba, por recomendación médica.
”No, si yo creo que sí. Pero ¿¡por qué no puedes tener un hijo y además ser superintendenta!?”, cuenta que le refutaba su entonces jefe. Respuestas que la desconcertaron unos instantes, pero afirma que por fortuna le hicieron replantearse su posición.
Fue una charla breve. Sin saberlo en el momento, reconoce que fue clave para atender un particular llamado que tiempo después entró al anexo de su oficina en la Superintendencia. Era verano a inicios de 2006 y el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, saludaba desde el otro extremo de la línea. Por encargo de la presidenta Michelle Bachelet, le planteó la oportunidad de asumir como superintendenta del organismo en que ya trabajaba.
“Por suerte había hecho la reflexión, si no…” verbaliza como si suspirara aliviada, en tanto deja en suspenso el escenario opuesto que no ocurrió. Se tomó algunas horas antes de decidir convertirse en la primera mujer en tomar las riendas de la Superintendencia. La sorpresa fue natural en su reacción. Aunque hoy medita con detención lo que en cierto momento le impidió proyectarse.
“La participación de mujeres en altos cargos públicos era mucho menor hace no tantos años atrás. Cuando uno ve sólo hombres, percibe que las posibilidades de acceder son menores. También hay una asignación de roles en la sociedad, que nos encasilla a las mujeres en que tenemos que optar entre tener una vida profesional u optar por tener una familia, y no necesariamente poder compatibilizar ambas dimensiones. Esos dos factores en mi caso fueron bien importantes”, concluye Berstein.
“Solange combina dos tipos de atributos que no suelen juntarse en la misma persona. Por un lado, tiene todas las capacidades profesionales y técnicas para desempeñarse al más alto nivel en el mundo de las finanzas. Por el otro, posee sentido común, olfato político, y una capacidad única para explicar asuntos difíciles en un castellano claro y accesible”, describe el ex titular de Hacienda, Andrés Velasco.
Cualidades que no sólo cautivaron su atención cuando la conoció en los años 90 mientras cursaba su doctorado y Velasco realizaba clases en Harvard. Sino que también habrían sido fundamentales para tomar el timón de la propuesta de una reforma de pensiones, en la que venía trabajando desde antes de su ascenso.
“Para mí los desafíos que tenía la Superintendencia de AFP de la época, eran enormes. No solamente era asumir el cargo, además era la responsabilidad de lograr tener un cambio en el sistema para hacernos cargo de una realidad. En el año 2006 publicamos un estudio donde veíamos que las pensiones iban a ser extremadamente bajas para un porcentaje muy alto de la población. Los adultos mayores la estaban pasando realmente muy mal”, explica la economista que a esa fecha tenía apenas 38 años.
“Recuerdo que, durante el trámite de la reforma de pensiones concluida el 2008, ella era la única que lograba transmitir los vericuetos técnicos de la reforma a los parlamentarios”, puntualiza el otrora ministro. Lo que terminaba por consagrarla como la carta más idónea que pudo pasar al frente del proceso, que mejoró con subsidios las pensiones de vejez e invalidez de quienes más lo necesitaban.
“Los que tenemos como alma de funcionarios públicos sabemos lo relevante que es mantener a las instituciones por delante y no los egos propios, es otra de las características de Solange”, releva su profesora y también ex superintendenta de pensiones, Tamara Agnic, a propósito de algunas conversaciones que sostuvieron para hacer la transición institucional cuando posteriormente tomó el mismo cargo.
Uno de los mayores puntos de inflexión para las mujeres en Chile, fue la llegada de Michelle Bachelet a la presidencia. Al menos así lo ve la economista, casi como un acto revolucionario. Por eso la considera una figura inspiradora, de las pocas referentes que tenía hasta entonces. Piensa que a partir de ese hito que, inclusive se reiteró con un segundo gobierno, la cultura chilena se abrió a entender que podían existir líderes femeninas.
En cierta escala, Berstein también se convirtió en una referente al llevar consigo el título de pionera que, en ciertas ocasiones tiende a pesar. “Es una gran responsabilidad no solamente por las propias del cargo, también nos pasa a todas las que somos ‘la primera en el cargo’ que uno trae la carga de que está representando, además, a las mujeres“, puntualiza.
“Pasa eso de que se nos exige. Uno es mujer y tiene que demostrar que tenía las competencias. Nombran a un hombre y es “obvio”. Pero nombran a una mujer y al tiro empiezan: ‘¿cuáles son las características que tiene? ¿merece estar ahí o no? o ¿cómo lo va a hacer?’. Pasa a estar mucho más expuesta eventualmente a la crítica”, protesta con un tono que evidencia lo ilógicos que le parecen esos prejuicios.
“El que hablemos de que haya equidad de género no significa que tengamos que ser iguales. Somos distintos y cada uno contribuye desde sus propias competencias y habilidades a justamente tener un mejor país“, plantea Berstein.
Explica que aún hay sectores en el mundo financiero predominantemente masculinos, en donde las mujeres se tienden a mimetizar para tener voz. Ella misma lo vivió.
Si bien la Comisión Para el Mercado Financiero es un ente relativamente nuevo, su conformación se dio con la fusión de dos instituciones que nunca habían sido presididas por una mujer: la Superintendencia de Valores y Seguros, y la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras. Por eso fue un hito cuando en abril de 2022 Solange Berstein tomó la presidencia del consejo de la CMF.
“Tiene una visión de mujer y eso ayuda a abordar la problemática de género. A potenciar, por ejemplo, el Informe de Género. En esta segunda edición tenemos estadísticas confiables de quienes toman seguros. Es algo estadístico, pero que ayuda a la toma de decisiones”, destaca la vicepresidenta de la entidad, Bernardita Piedrabuena. Pese a que puede parecer lejano, los instrumentos financieros son otro foco en que se da la discriminación por género.
“Es una persona muy trabajadora, que sabe mucho. Ha tenido un rol muy conciliador en el consejo. Está muy comprometida con la institución y ha tratado de optimizar los procesos de mejorar las políticas con la ayuda de todos los equipos y comisionados”, complementa la vicepresidenta.
Berstein asegura que esta etapa en la CMF la ha podido disfrutar y tomar con más calma, a diferencia de su paso por otras instituciones de la misma envergadura. La experiencia y el respaldo del consejo y equipos técnicos, puntualiza que han sido fundamentales. Eso mismo la insta a verbalizar su seguridad. “Si bien es cierto he podido acceder a estos cargos, no ha sido por mi trayectoria política, sino que por mi trayectoria técnica”, plantea.
Desde su posición actual, ha impulsado visibilizar la brecha de género en el sector financiero. “Hemos buscado con lupa, a ver si queda alguna otra diferencia en términos de las leyes o normas y no vemos nada. En ese sentido está bien, la cancha está nivelada al menos en el ámbito legal y normativo. Eventualmente quedan prácticas y factores culturales”, enfatiza la presidenta de la CMF con la satisfacción de notar el gran progreso, pero con ansias de ir por más.
“Yo creo que todas las mujeres que hemos ido avanzando en nuestras carreras, hemos abierto puertas“, concluye mientras posa su mentón sobre el dorso de su mano, como si meditara. Pero hoy abre las puertas al salón, que todas las semanas aloja a los comisionados para intercambiar ideas y opiniones sobre la regulación financiera del país, para conocerla a ella.
Sabe que dar a conocer su trayectoria puede ser un impulso para niñas que, probablemente como ella en su juventud, buscan una figura femenina que las inspire y les muestre que no hay espacios imposibles. A su ritmo y en sus entornos, todas pueden ser imparables.